Repensemos el periodismo antes de que sea demasiado tarde

10 agosto 2020 –

Por: José David Pacheco – Seguimiento.co – Colombia –

Las dinámicas cambiantes del mundo de los negocios han puesto a los medios de comunicación como las industrias empresariales de mayor categoría y las más apetecidas por los grandes emporios económicos, haciendo caso del conocido refrán: la información es poder. El público que se acerca inocente a los prensa queda atrapado en un entramado de intereses donde está siempre relegado al último lugar de importancia.

Veo con mucha preocupación que desde diversos frentes académicos e incluso desde los mismos medios de comunicación, se viene haciendo énfasis en lo imperativo que es para la opinión pública verificar, contrastar y asegurarse de que, la información que está consumiendo, cumpla con todos los ‘estándares de calidad’ para poder ser leída, compartida y discutida -supliendo así el papel que en teoría desarrollan directores de sección, editores, jefes de redacción y reporteros-, so pena de hacer el ridículo.

Esta inversión de papeles que se plantea, pone de presente la necesidad de pensar con cabeza fría la forma como se viene haciendo el periodismo antes que sea demasiado tarde, pues situaciones como la que a diario vivimos como lectores, televidentes y radioescuchas no hacen más que deslegitimar el valor de la prensa como actor necesario en el desarrollo de la vida en sociedad; partiendo de la base que recibir información veraz y oportuna es un principio fundamental en los Estados Sociales de Derecho.

Son importantes en este punto las palabras de Thomas Cahill y el Committee of Concerned Journalists [CCJ, o Comité de Periodistas Preocupados] cuando sostienen que el periodismo, los géneros periodísticos y los medios de comunicación son el canal a través del cual una sociedad interactúa entre sí, dejando ver sin más: sus intereses religiosos, vínculos políticos, actividad social, elementos culturales, alegrías, miedos y temores. Esas narraciones no son otra cosa que la historia misma de la sociedad, la cual imperativamente tiene que ser fiel -en la medida de lo posible- a los hechos tal cual como suceden.

Desde la irrupción de las redes sociales y tras su consolidación como canales de interacción y masificación de la información, la confianza de los ciudadanos en el papel de la prensa como escudero de los intereses del pueblo y elemento de contrapoder, ha ido paulatinamente mermando hasta convertirse en odio. Y las razones para tal cambio son tan notorias que me parece tiempo perdido detenerme en ello.

Las dinámicas cambiantes del mundo de los negocios que de un modo u otro condicionan los contenidos y la circulación de la información, son nuevos factores que de manera decida han influido en la degeneración del periodismo y los medios de comunicación en amplificadores de informaciones engañosas y a veces falsas, que por la rapidez de la difusión se convierten en verdades. Estudiosos del asunto sostienen que una noticia falsa circula 7 veces más rápido que una verdadera y 100 veces más que la rectificación de esa misma información.

La estructuración de agendas de acuerdo a las necesidades en uno o varios grupos de poder sin importar su naturaleza (económico, político, militar o violento) está a la orden del día, haciéndose más frecuentes los pagos y bonificaciones extralaborales a los periodistas que cubren esas fuentes; premiando el éxito en el posicionamiento de una marca, un nombre o un grupo, más que el trabajo de calidad.

En Santa Marta desde hace años se instauró esta malsana práctica, es por eso que la prensa como empresa y los periodistas que en ella trabajan cambian las líneas editoriales al son de los millonarios contratos de publicidad con entidades públicas y privadas, donde además de ponerse en venta las páginas del periódico, los espacios de radio y televisión, las capacidades y credibilidad de los reporteros, también se negocia la libre formación de la opinión, sobre la base de la cual los ciudadanos toman sus decisiones.

Distorsionar la realidad tras acuerdos económicos, difundiendo falacias y verdades a medias que se legitiman con la vinculación constante de las mismas fuentes y opinando sobre los mismos temas, es un atentado directo a la sociedad como un grupo más o menos organizado de personas que se vinculan por medio de acuerdos tácitos de cooperación y limitación voluntaria de derechos. Estos planes se fraguan porque sus perpetradores entienden el valor de la información y el papel que ésta desempeña en la vida cotidiana del hombre.

Los teóricos del Estado y la Justicia llevan muchos años polemizando sobre la importancia de la información del ciudadano cuando en el punto inicial de una sociedad se enfrenta a la necesidad de estructurar un sistema jurídico que distribuya de forma equitativa los derechos necesarios y suficientes a todos sin que se presente objeción en el desarrollo de una concertación pública sobre tal estructura; justamente por lo fácil que es a través de ella introducir valores y preconceptos que pueden atentar contra ese acuerdo público al que deben llegar todos como sociedad en ese punto inicial y hacia el futuro.

De tal manera, que esta discusión es mucho más compleja que la decisión de leer, ver y escuchar unos medios de comunicación y periodistas por encima de otros, atendiendo a los conceptos propios de calidad periodística, en aras de estar bien informado, toda vez que implica conceptos de otro orden, aunque el ciudadano de a pie, porque seguramente no lo sabe, no se detiene a pensarlo.

Este es un momento oportuno para estudiar, visualizar en detalle e intentar solucionar los problemas serios que aquejan al periodismo en tiempos de globalización y virtualidad, antes que la opinión pública rompa definitivamente el vínculo casi que sagrado que desde épocas inmemoriales lo une con la información, los medios de comunicación y los periodistas.

Quiero, para finalizar, recordar que el periodismo se sustenta sobre los siguientes nueve principios: 1. La primera obligación del periodismo es la verdad; 2. Debe lealtad ante todo a los ciudadanos; 3. Su esencia es la disciplina de verificación; 4. Debe mantener su independencia con respecto a aquellos de quienes informa; 5. Debe ejercer un control independiente del poder; 6. Debe ofrecer un foro público para la crítica y el comentario; 7. Debe esforzarse por que el significante sea sugerente y relevante; 8. Las noticias deben ser exhaustivas y proporcionadas y, 9. Debe respetar la conciencia individual de sus profesionales[1].

El ciudadano de estar obligado a algo con respecto al periodismo, los medios y los periodistas, eso sería sin duda verificar el cumplimiento irrestricto de los antes mencionados fundamentos y rechazar de plano todo material humano e intelectual que no supere dicho examen.

Pdta.: Aunque no conozco personalmente a varios de los periodistas que fueron recientemente intimidados con un panfleto y no comulgo con el modo de trabajar de algunos, quiero solidarizarme con la situación que están viviendo ellos y sus familias por cuenta de personajes nefastos que quieren poner mordazas y establecer un régimen de terror.

Exijo de las autoridades celeridad en este caso, porque en Santa Marta se está volviendo costumbre la amenaza panfletaria.