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Homenaje de Daladier Osorio a Rodrigo Pareja

CUANDO UN AMIGO SE VA

El título de esta nota corresponde al que escogió el recordado cantante argentino Alberto Cortez para la canción que compuso en homenaje a su padre cuando este murió. 

De mi parte, me pareció apropiado para hablar de un apreciado colega y gran amigo, Rodrigo Pareja Montoya, otra de las víctimas de la implacable  pandemia que está acabando con todo lo que encuentra en el mundo. 

Rodrigo fue uno de esos personajes que hizo amigos a montones por su personalidad que incluía una gran dosis de colaboración cuando se le requería. No le huía a ninguna responsabilidad inherente al periodista serio y responsable que era. “No le sacaba el cuerpo a nada, al contrario, le ponía la cara a todo”, comentaban sus amigos. 

Nacido en las entrañas del puro periodismo se hizo reportero al lado de su padre Luis Pareja Ruiz, cuando este ejercía como corresponsal del diario El Espectador, en Medellín. De él aprendió todos los “secretos” de la profesión que muchos han dado en llamar “la más bella del mundo”.

En un momento dado estaba plenamente contagiado de periodismo por lo que sintió la necesidad de pedir ayuda para conseguir un “puesto” donde pudiera sentirse a gusto.

Don Luis Pareja entendió claramente que su hijo tenía la necesidad de moverse de “La bella villa” para contagiarse de la pasión periodística y a fe que lo consiguió.

Antonio Pardo García, formador de una gran camada de reporteros hizo caso a los pedidos del papá de Rodrigo para conseguirle el puesto a su hijo. De manera que la vida del novel periodista cambió radicalmente al trasladarse de su amada Medellín a la capital colombiana.

Aquí dio pasos muy importantes porque demostró que “querer es poder” e hizo de todo lo que debía hacer para afirmarse como uno de los mejores no solo en la difícil reportería, sino también en la redacción de noticias.

Siempre estaba listo para hacer las tareas que se le asignaban. Cuando tuve la fortuna de incorporarme al Noticiero Caracol por decisión de Antonio Pardo le seguí los pasos a Pareja con el más vivo interés y movido por el intenso deseo de conocer aún más los “secretos” del éxito en el periodismo. 

Se conformó, con su presencia, uno de los grupos más interesantes del periodismo radial en Colombia, bajo el ojo crítico y la amplísima experiencia del maestro Pardo García, sin duda, uno de los más importantes promotores (en su época) de un nuevo y exitoso estilo de periodismo. No obstante, Pareja en un momento dado sintió inmensa nostalgia por su tierra y los suyos, a lo cual le agregó el frío bogotano para retirarse de Caracol Bogotá, sin olvidar, claro está, su exitosa trayectoria aquí. En la capital cosechó amigos por todos los lados. Respondía afirmativamente cuando los colegas le pedían una colaboración o dar “una manito” en tal o cual circunstancia. 

Llevaba yo en el Noticiero Caracol ocho años cuando decidí contraer matrimonio con una dama antioqueña. Sin meditarlo mucho le pregunté a Rodrigo si podía acompañarnos en la ceremonia oficiando de padrino con su esposa Adiela Franco. No vaciló un instante para darme el sí, con la terminante advertencia de que el sí más importante y valedero era el de mi prometida María Eugenia Congote. Le di la razón con la duda de que Rodrigo podía dar marcha atrás y hasta hacer que lo aplazara. Pero Rodrigo era de palabra y de inmediato me dijo: “Mijo, sí, con todo gusto”. Inmediatamente se lo conté a mi prometida porque, de lo contrario, corría el riesgo de que ella diera media vuelta y me dijera, “No, mijo. Búsquese otra. 

HIJO BRILLANTE

Rodrigo y Adiela  tuvieron la fortuna de acertar en la formación de sus dos hijos, Luis René y Madalí. Ambos han satisfecho plenamente las expectativas de sus padres. Luis René es hoy un exitoso médico con trayectoria destacada. Recorre el mundo dictando conferencias como oncólogo pediátrico. Tales han sido sus éxitos que la periodista María Elvira Arango le dedicó recientemente, un programa completo de LOS INFORMANTES para destacar su capacidad como “uno de los mejores oncólogos pediatras del mundo”, según sus palabras. 

Y finalizo esta sencilla, pero sentida nota como tributo a la memoria de Rodrigo Pareja con el mensaje de Alberto Cortés en su canción de QUE CUANDO UN AMIGO SE VA QUEDA UN ESPACIO VACÍO QUE NO SE PUEDE LLENAR CON LA LLEGADA DE OTRO AMIGO.

Podría decirse sin temor a equívocos que Rodrigo fue fiel exponente de lo que alguien expuso con claridad meridiana: 

“El valor de la sencillez no ayuda a superar el deseo desmedido por sobresalir, sentirnos distinguidos y admirados sólo por la apariencia externa. Nuestro interior, nuestro corazón es lo que verdaderamente cuenta. Una persona sencilla gana más corazones”. 

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