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Cómo mejorar la ventilación en interiores y otros cinco retos prioritarios frente a la segunda ola

18 agosto 2020 –

Por: JAVIER SALAS – El País – España – 

Ya han pasado ocho meses desde que un nuevo coronavirus convirtiera 2020 en el año de la pandemia. La ciencia, en medio de la mayor avalancha de estudios de la historia, ha descubierto mil aspectos sobre la enfermedad y muchos factores decisivos para mitigar sus daños. Por ejemplo: mascarillas para todos, distanciamiento físico, higiene de manos y evitar aglomeraciones, especialmente en interiores. Pero sigue habiendo lagunas, dudas y certezas poco asentadas que convendría resolver cuanto antes para avanzar con menores riesgos hacia el día en que tengamos una vacuna efectiva y segura.

La Universidad Johns Hopkins, cuyos documentos y especialistas han sido de referencia durante toda la pandemia, ha publicado un documento en el que ponía encima de la mesa seis de estas preguntas que convendría resolver. Por eso, reclaman que los principales organismos nacionales de investigación pongan toda la carne en el asador para ofrecer las respuestas necesarias en asuntos tan determinantes como los métodos de contagio, el papel decisivo de la ventilación en interiores o el papel que desempeñan los niños, más aún cuando reabran los colegios.

“Si las actividades que normalmente se llevarían a cabo en ambientes interiores cerrados pudieran trasladarse al aire libre, eso les permitiría continuar operando con mayor seguridad”

El informe, firmado entre otros por la prestigiosa epidemióloga Caitlin Rivers y el director del Centro de Seguridad Sanitaria de la Johns Hopkins, Tom Inglesby, está orientado a “resetear” la respuesta de EE UU ante la segunda oleada que sufren, pero como advierten en el texto, las respuestas para la pandemia son universales: “Es un desafío que va mucho más allá de lo que cualquier Estado, territorio o comunidad puede manejar por sí solo. Es solo nuestra acción colectiva la que generará el cambio necesario para recuperar el control”. El documento está estructurado como un decálogo, con recomendaciones generales como asegurar equipos de protección para profesionales esenciales (sanitarios, pero también empleados de industria alimentaria). O pedir, en caso de transmisión descontrolada, el cierre de “entornos interiores de alto riesgo donde las personas se congreguen, como bares, restaurantes, lugares de entretenimiento, gimnasios y espacios religiosos interiores, y posiblemente oficinas interiores donde el riesgo de transmisión no se puede reducir mediante esfuerzos de mitigación”.

En uno de los puntos, se reclama el desarrollo de una agenda de investigación rápida “para hacer frente a los principales desafíos que han surgido”. Los autores enumeran esos retos, las seis preguntas “prioritarias” que deberíamos responder cuanto antes para surfear con seguridad la segunda ola.

1- Sistemas de ventilación

“¿Existen soluciones de ingeniería para mejorar los sistemas de ventilación en los edificios que se puedan hacer de forma rápida y económica?”, se preguntan los autores del informe. En los últimos meses, la evidencia de que el mayor riesgo de contagio se da en interiores no ha hecho más que crecer. La diferencia entre el riesgo en un local o al aire libre es enorme, podría ser casi 20 veces mayor: una playa no tiene nada que ver con un bar. Por ello, el informe recomienda claramente que se traslade al exterior el ocio, el trabajo, el aprendizaje: “Si las actividades que normalmente se llevarían a cabo en ambientes interiores cerrados pudieran trasladarse al aire libre, eso les permitiría continuar operando con mayor seguridad”.

Los especialistas en calidad del aire vienen reclamando que se incida en la importancia de la ventilación constante en interiores, porque se ha observado que el flujo de aire del exterior por ventanas y puertas, o unos buenos sistemas que renueven el aire interior con el de fuera son medidas esenciales para evitar que las partículas que contienen el virus permanezcan flotando en la sala hasta contagiar a alguien. Pero todavía quedan preguntas por resolver en cuanto a equipos de filtrado de aire y otros sistemas que podrían ser útiles allí donde no es posible ventilar.

2- Métodos de contagio

Enlazando con la cuestión anterior, cada vez son mayores las pruebas que indican el peligro de contagio de los aerosoles, esas partículas diminutas que escapan de la boca al toser y hablar y quedan en suspensión. “¿Cuál es la contribución relativa de la transmisión de aerosoles y fómites [contacto directo con objetos contaminados], y cómo deberían modificarse nuestras prácticas de mitigación para abordar esos hallazgos?”, se preguntan en el informe. La pregunta es muy relevante en este momento, poco tiempo después de que la Organización Mundial de la Salud reconociera que los aerosoles pueden ser una vía de contagio, ya que antes lo consideraban algo anecdótico.

“¿Cómo se pueden mejorar las comunicaciones públicas sobre la reducción del riesgo de transmisión y cómo se pueden adaptar esos mensajes a los grupos de mayor riesgo?”

Las observaciones de escenarios supercontagiadores en locales interiores, donde un importante número de personas contrae la enfermedad sin entrar en contacto directo con el paciente cero, hace pensar a algunos científicos que el papel de los aerosoles es mucho mayor que el del contacto con superficies. Estos fómites son la razón por la que se pide el lavado insistente de las manos, pero si se supiera que los aerosoles desempeñan un papel aún más importante obligaría a plantear más medidas dirigidas a combatir esa vía, como la de la ventilación de interiores. Un nuevo estudio recién difundido muestra que el virus se mantiene en el aire de una sala, con capacidad de infectar, a más de los dos metros recomendados.

3- Mejorar el uso de mascarillas

Hay países en los que las mascarillas se usan a regañadientes, como EE UU, y otros más cumplidores en general. Pero sabemos que hay lagunas y circunstancias en las que se relaja su uso. “¿Cómo se pueden mejorar y expandir los comportamientos de uso de máscaras?”, se preguntan en el informe de la Johns Hopkins, lo que implica la intervención de especialistas en comunicación de la ciencia y en persuasión. Desde el comienzo de la pandemia se han publicado muchos manuales para ayudar a mejorar el cumplimiento de estas medidas, como mensajes que apelan a la solidaridad. Pero también hace falta aumentar el conocimiento real de la utilidad de la mascarilla: por ejemplo, no es solo para contener la tos, los aerosoles también escapan en masa al hablar, gritar o cantar. Además, el informe se pregunta si “se pueden mejorar los revestimientos faciales para hacerlos más cómodos y mejorar la filtración”.

4- Comunicación que cambie conductas

“¿Cómo se pueden mejorar las comunicaciones públicas sobre la reducción del riesgo de transmisión y cómo se pueden adaptar esos mensajes a los grupos de mayor riesgo?”, se preguntan los especialistas. En esta fase de la pandemia, algunas personas pueden comenzar a mostrar hartazgo de las restricciones y no todos los grupos se comportan por igual: las personas mayores son más cuidadosas y se quedan en casa, mientras los jóvenes aprovechan la apertura de discotecas que permiten las autoridades. Por ejemplo, en la última semana, más del 85% de los nuevos contagios registrados en Canarias fueron en menores de 30 años, con numerosos contactos en cuarentena a partir de una sola fiesta. La psicología social y la comunicación de la ciencia tienen mucho terreno que ganar.

“¿Qué necesitan las familias y las comunidades escolares para facilitar un aprendizaje seguro y eficaz, ya sea en persona o de forma remota, y cómo podemos garantizar que los niños y las familias vulnerables reciban apoyo?”

“La coherencia de los mensajes desempeñará un papel importante para superar la desinformación y las diferencias ideológicas que contribuyen a un cumplimiento escaso de las guías de salud pública”, indica el informe. Además, señala que líderes políticos y científicos deben trabajar en estrecha colaboración en el desarrollo de políticas y en su comunicación al público. Y recomienda: “La orientación debe reflejar la experiencia de los científicos sociales, quienes pueden asesorar sobre cómo involucrarse de manera significativa con las personas y las comunidades, en particular con las comunidades marginadas y desatendidas que se ven afectadas de manera desproporcionada por la pandemia”.

5- ¿Cuál es el papel de los niños?

La gran pregunta, que lleva sin resolverse desde el comienzo de la pandemia, y que ha oscilado desde quienes les consideraban supercontagiadores sin pruebas hasta quienes argumentaban que podían no contagiar apenas: “¿Cuál es el papel de los niños, especialmente los niños asintomáticos, en la transmisión? ¿Los niños transmiten el virus a tasas similares a las de los adultos?”. A medida que se han ido mitigando las medidas de confinamiento, los científicos han podido observar situaciones naturales en las que los menores tienen un papel en eventos de contagio, pero su importancia relativa sigue sin estar clara del todo. Por ejemplo, se ha estudiado un importante brote en un campamento con menores en EE UU, en el que los monitores llevaban mascarillas, pero no el alumnado.

6- La vuelta al cole

A medida que se acerca septiembre, la presión para resolver el problema de la apertura de los colegios es mayor. Hay ejemplos desastrosos, como el que se dio en Israel cuando reabrieron las escuelas al controlar su curva de contagios. Allí, en plena ola de calor, se cerraron las aulas para poner aire acondicionado, perjudicando la ventilación, y se permitió a los niños quitarse las mascarillas. El resultado: brotes en las clases. “Los colegios”, explica el informe, “que podrían considerarse aglomeraciones en interiores, se distinguen por su importante papel en la comunidad y la epidemiología única de los niños”. “Las decisiones sobre cómo y cuándo reabrir las escuelas son complejas y requieren la consideración de muchos factores y la implementación de cuidadosas medidas de mitigación”, reconocen los autores. Y se preguntan: “¿Qué necesitan las familias y las comunidades escolares para facilitar un aprendizaje seguro y eficaz, ya sea en persona o de forma remota, y cómo podemos garantizar que los niños y las familias vulnerables reciban apoyo?”. El informe, por tanto, también hace referencia a qué hacer para mejorar la enseñanza en remoto, un problema que puede ser un lastre insalvable para familias sin recursos.

“Cuanto más sepamos sobre este virus, mejor informadas estarán nuestras decisiones. Y podemos estar seguros de que habrá muchas más decisiones difíciles, incluida la de los colegios, hasta que encontremos una vacuna segura y eficaz que sea accesible a todos”, advierte Rivers. Es hora de que la ciencia siga aportando respuestas.

 

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