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Cómo debería ser (y no es) el periodismo deportivo que vemos en los medios

13 Septiembre 2019.

Por: Pablo Aro Geraldes / Periodismo.com –

Los diarios tienen la misma cantidad de páginas, pasen cosas importantes o no. El deporte no queda al margen de esta observación: los medios deportivos suman pliegos los domingos y lunes, pero lejos de las pocas páginas de hace una décadas, durante toda la semana mantienen un espacio que es difícil de “llenar” con material genuinamente interesante, trascendente. Entonces, el rumor toma el lugar de la noticia, los trascendidos reemplazan a las declaraciones de los protagonistas y los perfiles ocupan el espacio que antes se destinaba a las entrevistas.

A esta tendencia la complica más el panorama empresario de los medios. En el caso de los gráficos (diarios y revistas), las redacciones viven una pauperización, con pasantes que ocupan los lugares de experimentados periodistas. El oficio del corrector, una especie de custodio de la calidad de una publicación, va siendo reemplazado por los programas informáticos que no pueden interpretar más que algunas conjugaciones y concordancias entre una sujeto y un predicado, pero que jamás podrán comprender el sentido de una oración. La responsabilidad cae, más que nunca, en el redactor.

¿Y qué es lo que se le pide al periodista? Aquí es la tendencia de los medios la que se valida la pérdida de calidad: la noticia chequeada deja paso al rumor, al impacto y al escándalo, mientras periodistas principiantes caen en la tentación de escribir en primera persona: la opinión, el juicio y la sentencia está en manos de quienes aun no se han manchado las manos de tinta. En las páginas web, salvo contadas excepciones, todo es más precario, más veloz y más impreciso.

En los medios de radiodifusión la tendencia es igual, pero potenciada: vedetismo, vanidades, polémicas inventadas y el problema de estar 24 horas al aire conspiran contra el tratamiento serio de la información. En entretenimiento va desplazando a codazos al periodismo.

Queda una sensación entre los consumidores del periodismo deportivo: ya no es el de antes. ¿Qué se perdió? ¿Cómo se sale del atajo inconducente para retomar la vía principal? Aparece otro problema: pareciera que está prohibido retroceder, desandar el camino para buscar otro. El periodismo deportivo atraviesa un momento extraño en nuestro continente (en nuestra lengua) pero también están cambiando los lectores/televidentes/oyentes/navegantes, cada vez más hinchas que buscadores de información, como si ya no les interesaran la noticias de sus clubes sino la validación de su fanatismo: los medios partidarios tienen una gran responsabilidad (¿culpa?) en este viraje. Se publica lo que se espera del otro lado, con el temor que si el receptor no lee u oye lo que quiere, abandonará el medio, lejos del sentido crítico, el contrapeso de opiniones disímiles, la fundamentación con datos y la investigación, que tanto trabajo requiere.

¿Cómo se revierte? La primera decisión es no entregarse a los mandamientos del rápido-corto-afín. El periodismo -aun en el caso del deportivo, que trata sobre competencias que no dejan de ser para el consumidor un entretenimiento- tiene responsabilidades que pueden no concordar con los gustos del lector, pero bien ejercido tiene un poder docente que siempre termina siendo agradecido. La crítica con fundamento siempre es preferible al elogio vacío, a las palabras sin respaldo más allá del impacto inicial. El título llamativo que invita al link puede responder a la lógica de las redes, pero si detrás de ese señuelo no hay ningún material digno, el click no se va a repetir.

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