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Colombia debe aspirar a un modelo de televisión pública similar al de la BBC de Londres

Discurso de la Presidenta del CPB Gloria Vallejo, en la ceremonia de entrega de los PREMIOS CPB 2019.

La profunda transformación que la tecnología ha ocasionado en los últimos 10 años en este nuestro, que García Márquez llamó “el oficio más bello del mundo” está causando estragos en Colombia. Es evidente que el mundo ya está inmerso en el predominio de lo digital y de la comunicación móvil, pero como ocurre en muchos otros países, la expansión de Internet convirtió la información en un “commoditie” y la mayoría de las empresas periodísticas no han logrado descifrar métodos efectivos para monetizar su actividad en el nuevo entorno. Con alarmante frecuencia se producen en nuestro país cierres de medios que llevaban décadas al servicio de la comunidad, despidos y recortes en las plantas de redactores, fotógrafos, ilustradores, una caída alarmante de los salarios y una peligrosa concentración de los medios en poderosos conglomerados económicos.

El auge del “social media” y de los algoritmos ha ocasionado la mayor concentración de poder en pocas manos en toda la historia de la humanidad que hoy está en manos de Facebook, Google, Amazon, Apple y Microsoft, plataformas que lo dominan todo.   No solo el periodismo: también la política, la economía, el comercio, la banca. Todas las actividades principales de la vida humana.

Este dramático cambio del ecosistema informativo ocurre en momentos en que las democracias occidentales viven una clara situación de polarización y de pérdida de los consensos que sustentaron la estabilidad del poder en las décadas anteriores. El nuevo periodismo, que potencia la voz de los individuos y de las comunidades a niveles sin precedentes, ha impulsado el perfeccionamiento de la democracia y fenómenos maravillosos como la Primavera Árabe o la presión sostenida y valerosa contra las dictaduras de Venezuela y de Nicaragua que vemos en nuestro continente. Lamentablemente el Brexit del Reino Unido o la elección de Donald Trump en Estados Unidos mostraron la otra cara de la moneda: manipulación, noticias falsas para desacreditar o calumniar opositores, desorientar a la opinión pública y hasta alentar al terrorismo. Su audiencia es inmensa. Hay más de tres billones de personas conectadas en la red en tiempo real, ávidas de información instantánea que muchas veces no ha sido verificada con sus fuentes naturales.

Esta confusión monumental ha llevado a que la disminución de la confianza de la gente en las instituciones tradicionales se haya extendido al periodismo. Muchas personas confían más en sus redes de confianza, -parientes y personas que tienen a su alrededor o en sus redes sociales-, que en los medios. Y la mayor parte de las falsas noticias y de la información errónea circulan de esta manera. Esto tiene a los gobiernos en busca de crear normas y regulaciones  y a las plataformas -que ciertamente no fueron creadas como empresas periodísticas- en el desarrollo de controles y en la cooperación con los medios para superar la grave crisis de credibilidad que nos afecta.

No estoy sin embargo entre quienes vaticinan un futuro aciago para el periodismo. Hay señales claras de que el caos y la desorientación están valorizando dos de los roles más importantes del periodismo: ser garantes ante la sociedad de la veracidad y exactitud de la información, y ayudar a los ciudadanos a conocer y entender los hechos, a través del análisis y el contexto. La transformación del New York Times que vendió todas sus propiedades en otros medios y quitó la mirada prioritaria en la publicidad, para concentrase en conquistar suscriptores para ofrecerles periodismo con la mayor calidad posible, señala caminos. Ya pasan de 4 millones y esta semana anunciaron que están cerca del predominio digital tanto de sus actividades como de sus ingresos.

Volviendo al caso colombiano quiero expresarles nuestra preocupación  porque entre nosotros también se manifiesta ese ímpetu de crear regulaciones y normas que, en algunos casos, atentan contra la libertad de prensa. Nos preocupa por ejemplo un proyecto de ley presentado el año pasado para regular el uso de las redes sociales, obligando a eliminar en 72 horas las publicaciones falsas, injuriosas o calumniosas, lo cual implica en nuestro parecer un riesgo importante para la libertad de expresión por cuanto ya no serían los jueces sino los supuestos afectados y los administradores de Twitter o YouTube, quienes tendrían que evaluar cuáles publicaciones deben ser eliminadas por violar la ley.

Otro proyecto de ley que causa inquietud es el de la modernización de las TIC, que crea la Comisión de Comunicaciones, encargada de otorgar concesiones en televisión y radiodifusión sonora, así como de administrar el Fondo para el Desarrollo de la Televisión. Muchos especialistas han manifestado inquietudes y reservas por la falta de independencia que tendría, pues estaría bajo el control del gobierno. Colombia debe aspirar a un modelo de televisión pública como el de la BBC de Londres que goza de total independencia financiera y política. Es un medio al servicio de la sociedad inglesa sin interferencias del gobierno de turno. Ojalá que el proyecto recoja estos ideales.

 No menos preocupantes para el periodismo colombiano han sido decisiones judiciales que a principios de 2018 ignoraron la garantía constitucional del secreto profesional y obligaron a la Corte Suprema de Justicia a corregir su propia sentencia que exigía a un periodista de la revista Dinero a revelar la fuente de su información. Percibimos un acoso judicial cada vez más fuerte a nuestra actividad, con base en tutelas contra los periodistas para que no investiguen ni divulguen los múltiples hechos de corrupción y violación a los derechos humanos  que agobian al país. No podemos bajar la guardia frente a la corrupción rampante y a la impunidad que rodea a los ladrones de cuello blanco. Buena parte de los escándalos de corrupción han sido destapados por periodistas investigadores, algunos galardonados con el premio que nos convoca esta noche, sorteando toda clase de obstáculos. Y se anuncian nuevas medidas, como inspecciones judiciales a las salas de redacción para verificar la autenticidad de documentos que han expuesto los vergonzosos sobornos de servidores públicos.

Respecto de esta versión 37 del Premio Nacional de Periodismo quiero destacar la gran tarea realizada por el grupo de insignes colegas que integraron el perjurado y el jurado a cuya experiencia y profesionalismo, se debe la excelencia de la premiación.

También destaco la elevada participación: 500 trabajos de 1.024 periodistas, provenientes de todas las regiones del país, y de medios tradicionales y alternativos, en especial de medios digitales, lo cual confirma la potente y acelerada inmersión del periodismo colombiano en las actuales tendencias de la comunicación universal. La abundancia de trabajos ligados a hechos capitales de la actualidad nacional ratifica que, indiferente a múltiples transformaciones y problemáticas que vive el oficio el periodismo colombiano no renuncia a su labor esencial de ser intérprete, vocero y defensor de los intereses fundamentales de las comunidades a las cuales sirve,  lo cual se concreta en una importante tarea de información e investigación en defensa de la libertad, la democracia y de los intereses superiores de la sociedad.

Cambian los tiempos, pero nunca los principios éticos y profesionales que orientan nuestro oficio. Esos se fortalecen todos los días. La búsqueda de la verdad, dudar de todo lo que se nos cuenta, indagar con todas las fuentes disponibles –no hay noticia de una sola fuente–, mantenerse alejados del poder y de los poderosos para cuestionarlos con independencia y autoridad, no ceder ante halagos o prebendas. El CPB no cejará en su empeño por luchar para que los periodistas tengan puestos estables y bien remunerados en los medios tradicionales. Y será una prioridad para el futuro inmediato facilitar la capacitación para que más y más periodistas colombianos puedan desarrollar emprendimientos, proyectos y empresas en la inmensa oferta de oportunidades que ofrece la tecnología. Los mejores tiempos del periodismo colombiano están por venir y con el esfuerzo, el talento, la mística y la entrega de todos seguirá siendo también entre nosotros “el mejor oficio del mundo”.

 

G R A C I A S

 

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