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Queremos otro periodismo sin mentiras

15 Mayo 2019.

Aunque en el último tiempo, sin el convencimiento de antes, organizaciones sindicales, profesionales, académicas e incluso algunos empresarios proponemos buscar o mejor dicho luchar, por otro periodismo, y sin las mentiras que difunden los medios, agregamos; mentiras que proceden, casi siempre, de funcionarios del Estado y del Gobierno, de políticos, de sindicalistas y de empresarios, para hablar de las personas, sectores e instancias que contaminan la información, comunicación, opinión e interpretación: los derechos individuales y colectivos que están inscritos en la  nueva Constitución en vigencia.

Tomado de: La Razón Bolivia.

Esta Ley Fundamental, además, norma que la información debe ser verdadera y la opinión, responsable; añadimos que la comunicación debe fomentar el “diálogo y la participación” de los que tienen, y mucho, que decir, pero que no disponen de medios para hacerlo; y la interpretación, asimismo, tiene que ser ética, es decir, sin manipulación alguna…

Las cualidades de estos cuatro derechos, individuales y colectivos, no deben faltar en el oficio periodístico y entre quienes los ejerzan pues están constitucionalizados para todos los bolivianos y residentes en el país.

El ejercicio eficiente de esos derechos deben ayudarnos, por tanto, a contrarrestar lo que, creemos, es una práctica cotidiana en la mayoría de los medios en los que hay censura, autocensura, se dicen medias verdades, manipula y miente (o se mata a la verdad o se lo intenta). Confiamos en las excepciones positivas.

Sobre las mentiras reales o supuestas en el oficio periodístico, el presidente Morales hace menos de un año avisó que iba a presentar un proyecto de ley en el que se disponga, básicamente, que los periodistas no deben mentir.

En la Constitución redactada por Bolívar y para Bolivia, aprobada por la primera Asamblea Constituyente en Sucre (1824), se lee que aquí no existe la censura previa y en la Ley de Imprenta de 1925 se establece el derecho a réplica, cuando una noticia tiene imprecisiones o acusaciones infundadas o mentirosas.

La Convención de los Derechos Humanos de San José de Costa Rica (1969), que es ley de Bolivia desde 1993, garantiza la libertad de pensamiento y de expresión, y allí se establece que no se debe informar de modo que se lesione la seguridad del Estado, ni se deben enviar noticias que afecten la salud pública.

Las normas de autorregulación de periodistas y comunicadores determinan la necesidad de informar con veracidad; los códigos de ética de los trabajadores de los medios se llevan la flor; en esas normas hay un mandato que se destaca: se debe buscar la verdad como actividad periodística de todos los días.

Sin embargo, hay que admitir que en el ejercicio del periodismo solo algunas veces se deja constancia de las diferencias entre noticia, comunicación, opinión e interpretación. No es lo mismo interpretar que informar, ni se comunica cuando se opina.

Podría haber periodistas que sean mentirosos compulsivos, a los que se debe buscar, procesar y sancionar. Los tribunales de honor de los trabajadores de los medios se organizan para eso, y sí funcionan con regularidad, según normas de autorregulación de los periodistas y comunicadores, que también se aplican.

La difusión de mentiras que emiten funcionarios del Estado y del Gobierno, políticos, sindicalistas y empresarios, casi nunca las pueden evitar los periodistas. Éstos, en esos casos no mienten, aunque facilitan, como parte de su labor, la propagación de esas mentiras, aun no lo quieran.

Ejemplo uno: El Vicepresidente dijo que en un mes funcionarían los hospitales de primer nivel si se entregaba su administración al Órgano Ejecutivo, y que si ocurría lo contrario que se les “saque la mugre” a los gobernantes. Se advertía que en un mes difícilmente iba a funcionar el SUS, sin sobresaltos. Los médicos en La Paz han protestado, con un paro, ante las carencias de ese servicio, que se improvisa, para decir lo menos, porque con él los gobernantes buscan apoyo electoral.

Otra mentira: El presidente Morales, en un mensaje anual (enero de 2018), dijo que Bolivia es el país más fuerte de la región latinoamericana. Esa mentira, verificable en cualquier momento, fue difundida por el diario Cambio, entre otros medios.

Tercera falacia: Empresarios (medianos y grandes) dicen que no pueden pagar el segundo aguinaldo, este 2019, pero en realidad no quieren disminuir sus ganancias.

Cuarta mentira: El ejecutivo de la COB afirmó que exigirían el aumento (reposición en realidad) de 12,5% a la masa salarial y 10% al salario mínimo nacional; sin embargo, la COB aceptó la oferta de Evo Morales sin discusión (4% de reposición salarial y 3%, también de reposición, al salario mínimo nacional).

Políticos y una quinta mentira: Si Morales es candidato a la reelección, retiraremos nuestra postulación. Varios de ellos ya están en campaña.

Una adición útil: Un docente universitario alemán afirma que lo primero que muere en una guerra es la verdad. Apoyados en esa tesis, decimos que cuando se agudiza la lucha de clases sociales, en Bolivia, se mata a la verdad o se lo intenta.

Un estudioso francés asegura, con razón, que la publicidad comercial y la propaganda política tienen no poco de mentirosas. En el prólogo de un libro sobre esos temas nos animamos a proponer que comunicadores y periodistas debemos hacer cuanto esté a nuestro alcance siquiera para mermar aquellas mentiras en la publicidad comercial y en la propaganda política. Para acometer esto se necesita especial empeño.

Espinal, el cura asesinado por orden de narcofascistas, con letras de fuego dejó escrito que “callar es lo mismo que mentir”, y que los periodistas vendemos nuestra fuerza de trabajo pero no nuestra conciencia, aunque nos la quieren comprar.

Dichas así las cosas, en el Día del Periodista boliviano recogemos de nuevo la propuesta para buscar, entre nosotros, otro periodismo —que es posible— y que sea sin mentiras.

¿Con qué actores? Con los que se han formado o se han acabado de formar, de veras, en las salas de redacción (entre los antiguos viven pocos) y con los alistados en universidades e institutos (entre éstos todos los posibles).

Esa tarea gigantesca tenemos que asumirla sin más dilaciones. Manos a la obra colegas, salud y lucha.

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